Todos los 31 de mayo se sorteaban los nùmeros de orden para cumplir con el servicio militar. Cuando cumplìamos la edad, no querìamos que llegara ese dìa. El 1ro. de junio algunos reìan , por nùmero bajo; y, otros, nos amargàbamos por el destino esquivo.
El Distrito Militar Buenos Aires tenìa su asiento en el barrio de Palermo, pegado al terraplèn del Ferrocarril Mitre. Era como un pasillo profundo, con oficinas al costado. Allì se efectuaban las revisaciones mèdicas y se agrupaba a todos los futuros conscriptos para señalarles su lugar de cumplimiento.
Al lado del Distrito estaba el cuartel de la Policìa Militar de Infanterìa del Ejèrcito. Contaba con garitas elevadas, a la altura del terraplèn, que permitìan vigilar las instalaciones del Distrito y el lateral de la guarniciòn.
Frente a esas dependencias del Ejèrcito habìa un baldìo. Allà por finales de la dècada del 70 y principios de los 80, se solìan instalar los circos de moda. De modo que la calle Cerviño, entre Dorrego y Bullrich , mostraba contrastes muy notorios.
Las noches de los sàbados, en la soledad del viejo cuartel, veìamos las luces y el bullicio de la gente en sus autos, que salìan a divertirse. Las luces del circo de turno y el incesante movimiento de pùblico.
Los domingos, por la mañana, generalmente, los militares se reunìan en el Campo Hìpico a jugar al polo y despuès, tendìan en el centro de la cancha una mesa con manjares que contrastaban con la realidad econòmica de aquellos años. Nosotros tambièn estàbamos allì.
Quizàs, nuestra ùnica picardìa o aventura era ir a comprar unas pizzas a la Pizzerìa Bochini, que se encontraba frente a lo que era el Comando del Primer Cuerpo de Ejèrcito. Esa noche dejàbamos el guiso y la polenta por algo mejor.
Hoy, en el baldìo , està la Mezquita. Del cuartel y del Distrito, nada queda. El supermercado Jumbo todo lo abarcò. Pero, por suerte, quedò el àrbol de la entrada del cuartel en pie. Como ùnico testigo, junto a los terraplenes, de aquellos tiempos difìciles.
Palermo era un barrio muy tranquilo. Sin tanto jolgorio. Sin denominaciones "hollywoodenses". Sin tanto turismo. Sin tanta gente rara. Palermo era el Chico o el Viejo. Nada màs.
La calle Godoy Cruz, con sus bodegas y el movimiento permanente de camiones. Con bodegones, en donde se juntaban operarios con oficinistas, a la hora del almuerzo. Con "La Papa Frita de Palermo", que estaba en la esquina de Godoy Cruz y Sta. Fe (hoy, Mc Donald's). Con Eduardo Sport, en Sta. Fe, entre Godoy Cruz y Oro (hoy, venden todo por $ 2). Como un detalle algo exòtico, habìa restaurantes mexicanos por la zona. Sobre Juan B. Justo estaba la bodega Peñaflor. Y en la esquina de Bullrich y Libertador, esquinado con el Hipòdromo habìa un restaurante muy coqueto, cuyo nombre no recuerdo. Era lindo el barrio. Las viejas casas estaban en pie y no habìa tanta torre absurda e innecesaria.
Por suerte, mañana es 31 de mayo y no habrà sorteo que me pueda inquietar.
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