PEDRO BONIFACIO PALACIOS (ALMAFUERTE)
AVANTI !!
Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte...
¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de su muerte!!
PIU AVANTI !!
No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
Quièn no se ha sentido identificado con estos sonetos de Almafuerte. En pocos versos doblega a cualquier libro de autoayuda actual, apelando a ese sentido de supervivencia y de lucha innato al ser humano. En momentos de quiebre, de inflexiòn en la vida de cualquier mortal, leer estas rimas, nos impulsa , por lo menos, a reintentar cualquier esfuerzo, aunque parezca vano o estèril.
Pedo Bonifacio Palacios naciò en San Justo, Prov. de Buenos Aires, el 13 de mayo de 1854. Fue artista plàstico, escritor, bibliotecario, periodista.
Pero, a tenor de la temàtica de sus obras, ha sido un gran maestro.
Inicialmente quiso dedicarse a la pintura pero su falta de recursos y a algunas negativas en la concesiòn de becas, lo alejaron de esa actividad.
Fue un luchador. Un maestro de vocaciòn, que enseñò en Capital Federal, en Trenque Lauquen y en La Plata. Siempre fue tentado para ejercer la actividad polìtica, pero se negaba para no vivir del dinero pùblico. El periodismo y la docencia fueron sus tareas màs notorias. Ingresò en la Càmara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, como bibliotecario; y, en 1887 se trasladò a La Plata para trabajar en el diario El Pueblo.
El Congreso Nacional le otorgò una pensiòn vitalicia para que se pudiera dedicar a la poesìa, pero al poco tiempo falleciò muy joven, a los 62 años, en 1917.
Sus obras: Lamentaciones, Siete sonetos medicinales, Evangèlicas, Poesìas, Poesìas completas, Nuevas poesìas, Milongas clàsicas, sonetos mediicnales y Dios te salve. Discursos, La inmortal, El misionero, Trèmolo, Cantar de los cantares, entre otros.

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