viernes, 27 de agosto de 2010

CUANDO VIVIAMOS MEJOR

El gran poeta español Antonio Machado dice en uno de sus versos "...mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero..." y creo que nos debe identificar a muchos de nosotros esa descripciòn. Porque, quienes nos criamos en las afueras de Buenos Aires, lejos del movimiento de la gran ciudad, limitamos nuestro esparcimiento a las cosas sencillas. El patio era por entonces un reducto central de la vida social de la familia. Las reuniones de cumpleaños, los viejos "asaltos", las cenas de las fiestas de fin de año o , cotidianamente, el lugar adecuado y elegido para cenar en familia una noche de verano, mientras un viento fresco imaginario corrìa por el pasillo que comunicaba al jardìn.
Ayer, mientras estaba en Quilmes,  en medio de la casa vacìa, observaba el terreno del fondo, con su limonero, su laurel, su rosal silvestre y algunas novedades que sembramos este año y recordaba que tambièn tuvimos dos naranjos , que en primavera poblaban de azahares el paisaje. Y ese olor a tierra de la casa de uno es el que nos identifica con nuestras raìces. El que nos recuerda que somos de allì. Que pertenecemos a esos lìmites, cercados por las mismas medianeras que estuvieron toda la vida.
La tierra no se olvidò de nosotros y nos vuelve a dar sus frutos. Y nos enhebra los recuerdos màs recònditos. 
Ya no veo sombras, pero tengo viva en mi mente las imàgenes de mi padre asando un chivito o maniobrando su exclusivo aparataje para parir un matambre al barro exquisito. Y las hamacas, la pileta de lona y mi madre tejiendo sentada al sol de una tarde cualquiera.
El jardìn tenìa margaritas y malvones, que eran las huellas digitales de ese espacio. Y nosotros, con mis hermanos, no criamos en esa geografìa, como tantos otros. Pero uno siempre tiene la sensaciòn que la casa natal es el punto de partida del Universo. Al menos, de nuestro Universo.  El lugar en donde siempre estàbamos a salvo y que hoy luce un tanto descuidado. Pero florecerà otra vez y allì estarè para contarlo. Para mantener vivo el recuerdo que nos contaba Machado y que resiste -en su argumento breve y simple- el embate de los tiempos.

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