Duele que sea de mi generaciòn. Uno siempre quiere que los de su misma edad se destaquen. Que no den pie para ningùn comentario. Pero, bueno, asì son las cosas.
Duele, tambièn, que siendo, junto a su hermano Pablo, los asesinos màs famosos de los ùltimos 30 años, hayan podido llegar a ocupar puestos claves de decisiòn.
Algo grave nos sucede con la memoria a los argentinos. Tenemos una capacidad ùnica para olvidar los hechos y personajes màs graves de nuestra historia reciente.
Solamente a una sociedad enferma, guiada por dirigentes enfermos, se le puede ocurrir pensar que un psicòpata puede congraciarse con la comunidad haciendo obras de bien a cambio de nada.
Sergio Shoklender no sabe còmo justificar el destino de una montaña de dineros pùblicos que les fueron entregados a las Madres de Plaza de Mayo. Y Hebe de Bonafini se refugia, como siempre, en la agresiòn para no dar explicaciones.
Ni Shoklender tiene cara de buen hijo , ni Bonafini tiene cara de buena madre.
No me imagino a una madre que insulta constantemente o que arenga a niños en un colegio para que sean guerrilleros futuros o que invade la Catedral Metropolitana para hacer alguna tropelìa.
En manos de este tipo de gente estàn nuestros dineros, bajo la mascarada de viviendas populares.
Lo doloroso es que siguen adelante, con un horizonte posible; que los puede encontrar como dirigentes encumbrados. Y todo ello, por nuestra falta de memoria. Por esa amnesia recurrente que habilita a los Vaca Narvaja, a los Abal Medina, a los Garrè y tantos otros, a ocupar altos cargos en la administraciòn central.
Sueño , todavìa, con que alguna vez uno de estos personajes se arrepienta y cuente lo que sabe. Pero, mientras llega ese tiempo eventual, quizàs tengamos a Shoklender de candidato a presidente o, aun mejor, podrìamos liberar a Robledo Puch y ponerlo de ministro de justicia.
Total, la gente se olvida.
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