domingo, 24 de abril de 2011

TIEMPO PASCUAL

Varios siglos han pasado y el misterio de la Cruz sigue vivo. El Hombre que fue a la Cruz para salvarnos de todos los pecados. El Cordero que se entregò a su suerte y cambiò el rumbo de la Historia.
Sin embargo, no debemos perder de vista que todos llevamos nuestra Cruz a cuestas. Aun el màs rico y poderoso de los hombres carga con ella.
El misterio, en todo caso, tiene que ver con la vulnerabilidad y la inseguridad. Con nuestras dudas y nuestro acercamiento a la Fe para atenuarlas.
Caminamos en busca del perdòn permanente. A pesar que ya la Iglesia Catòlica no convoca como antes y los jòvenes no se acercan tanto a los altares, salvo cuando se trata de procesiones multitudinarias.
La Iglesis debe "ir hacia la montaña" y hasta el mismisimo Papa ha tenido que rendirse ante las càmaras de televisiòn, para demostrar que es humano y que està en condiciones de hablar con el pròjimo mano a mano.
Habrìa que detenerse en la palabra pròjimo y pensar màs en su concepto y su alcance, porque -como ya dijimos hace algùn tiempo- en tiempos de grandes comunicacioens, cada vez estamos màs aislados.
La Resurrecciòn deberìa servir para refundar los valores y las normas elementales de convivencia.

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