domingo, 22 de agosto de 2010

CUANDO VIVIAMOS MEJOR

Publicado en el viejo blog el martes 22 de junio de 2010


Serà porque es invierno. O, quizàs, por los aromas del invierno. Cuando llegaban los primeros frìos y en las casas se podìa preparar un caldo casero, con ingredientes que hoy son prohibitivos y que por aquel entonces, a uno lo mandaban a comprar sin mayores sobresaltos. El invierno tambièn traìa inolvidables excursiones a terrenos baldìos cercanos (hoy super edificados y poblados), en los cuales juntàbamos cardos salvajes con mi padre y luego los repartìamos para preparar y cocinar.

En Quilmes Oeste todavìa estaban los "campitos de Urquiza" y un poco màs lejos, en las inmediaciones de Av. Calchaquì no habìa casi nada.

En las escuelas pùblicas se servìa la cascarilla (corteza de cacao) y en las galerìas se mezclaba el perfume de esa preparaciòn con el olor a querosèn de las estufas.

Eran èpocas de bufandas y de prendas de lana tejidas en casa, porque las madres tenìan màs tiempo. No habìa màs transgresiones que comer algùn churro por la calle, porque no proliferaban los comercios de comidas ràpidas. No existìan las grandes cadenas de hamburgueserìas ni tampoco nos sobraba el dinero para sentarnos en una confiterìa a tomar algo.

Generalmente, de la escuela a casa o, eventualmente, ya màs grandes, a un bowling.

El olor del invierno era el del ambiente cerrado. El perfume de alguna comida rica y la naftalina de algùn ropero al sacar la ropa de lana. Era la imagen de la escarcha que la helada dejaba sobre los jardines y las plazas. Y, tambièn, era el sueño de lograr que nos compraran un gamulàn, que era una prenda accesible para pocos.

La gente muy grande suele decir que antes hacìa màs frìo. Puede ser. El calentamiento del planeta es innegable. Pero a mi me parece que habìa otras fuentes de calor, ademàs de las estufas. El calor familiar, el de los amigos, el de los juegos de mesa o de cartas una tarde cualquiera, el de la porciòn de pizza en la mano de la Pizzerìa Rivadavia o Los Maestros, el del chocolate del 25 de Mayo y el de ese caldo casero que recordè al principio, que era una clara señal de un invierno incipiente

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