domingo, 22 de agosto de 2010

CUANDO VIVIAMOS MEJOR

Publicado en el viejo blog  29 de enero de 2008

Las vacaciones de verano

No me siento viejo al pensar en las bondades de otros tiempos. Uno siente nostalgias por años no tan lejanos. El tiempo transcurrido desde 1970 en adelante trajo aparejados una infinidad de cambios en las costumbres de la gente. Principalmente, por la amplia variedad de tentaciones para disfrutar en los ratos de ocio. Muchas veces me pregunto còmo hubiera manejado mis tiempos si hubiera contado con una computadora o un juego virtual. No concibo mis dìas de infancia sin asociarlos al fùtbol con mis amigos; las salidas al cine; a la casa de tìos para jugar con los primos; o, quizàs, pasar las tardes frente al televisor o leyendo un libro o una revista.

¿Quièn pensaba en vacaciones en el mar? Lo màs probable era pasar una tarde en el balneario de Quilmes, pescando mojarritas. Pero, para una familia de trabajo, no resultaba accesible veranear. Tenìa compañeros de escuela que lo hacìan. Eran los menos.

Hoy, en cambio, la preocupaciòn pasa por elegir el lugar de vacaciòn. Cuànto se va a gastar en una semana o quince dìas. Y, entonces, se producen grandes concentraciones en estaciones terminales de micros, con personas que deambulan nerviosas con telèfono celular en mano, intercambiando mensajes de texto, abarrotando locutorios para navegar por internet y, asì, poder contar a los amigos o parientes còmo la estàn pasando, con alguna queja entremezclada de lo caras que son la vacaciones.

Los jòvenes veranean solos. Los padres, por su lado. Y aquella estampa de la familia en la playa va desapareciendo poco a poco.

Del mismo modo fueron quedando en el recuerdo algunas costumbres muy saludables, como la sobremesa. O el cafè con los amigos. Pese a las comunicaciones, el individualismo crece y el aislamiento nos va quitando las mejores cosas de la vida.

Todo es vertiginoso. Los viajes, las horas, los dìas, las comidas, las conversaciones y esa mala costumbre de creer que cada uno es el ombligo del mundo.

Mis veranos en Quilmes eran muy largos, pero afianzàbamos lazos. Con diversiones no tan excèntricas como las actuales, pero - como siempre digo- creo que vivíamos mejor.



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