La Feria del Libro que se realiza en Buenos Aires cada año nos muestra un panorama editorial de gran producciòn.
Para el visitante que tiene el "ojo fino" es fàcil apreciar que no aparecen grandes novedades. Uno busca en los programas de actividades diarios la presencia de un gran escritor que firme ejemplares; y la conclusiòn es que parece que no quedan tantos grandes autores.
Frente a ese vacìo, algo imperceptible para mucha gente, esos espacios van siendo cubiertos por personajes de notoriedad mediàtica que, sin siquiera haber pasado por una escuela o facultad de letras, se lanzan a la aventura autoral con un gran desparpajo. Escribiendo sobre cualquier cosa y contando con el apoyo de algunos medios televisivos y periodìsticos que envìan càmaras y movileros cuando presentan la obra.
Pienso que parte del pùblico es responsable de esta situaciòn. En primer lugar, por adquirir los libros. En segundo lugar, porque la educaciòn en nuestro paìs ha ido transitando una pendiente sin barreras, que generò desinformaciòn y falta de criterio a la hora de leer a un buen autor.
Sin ir màs lejos, hemos visto que el libro màs vendido este año ha sido el del economista Martìn Lousteau y sus ventas se incrementaron mucho màs por su escàndalo mediàtico reciente con la nieta de Mirtha Legrand. Eso fue suficiente para que el èxito editorial se perfeccionara. (Me acuerdo cuando Sudamericana era una editorial seria).
Vedettes, locutores, animadores, coristas, alternadoras, jugadores de fùtbol, cocineros, historiadores que copian a otros historiadores, psicòlogos que hacen plagio de otros colegas....Todos escriben libros.
Y, entonces, recuerdo a los investigadores serios, a los poetas que cuentan monedas en sus bolsillos, a estudiantes de filosofìa y letras, a novelistas que tienen que trabajar de cualquier cosa y a tantas otras personas debidamente preparadas , que no pueden acceder a una publicaciòn. Quizàs, porque no se besaron en un auto con una embarazada famosa; o no dijeron tres o cuatro tonterìas en el programa de Rial o Tinelli; o porque no saben patear una pelota; y, tambièn, porque no disponen de un micròfono diariamente para ganar notoriedad.
Es la sociedad al revès. Las posiblidades estàn al revès. Y el desaliento no tarda en llegar.
Antes, cuando no existìa tanta globalizaciòn, los escritores participaban de tertulias o talleres literarios. Las universidades servìan de escenario para debates enriquecedores y se editaba por mèrito y no por conveniencia econòmica.
Pero lo que digo suena a viejo. Dentro de un tiempo ni los libros de papel existiràn y veremos a la gente en los colectivos con tablas electrònicas que les reproduciràn un hermoso libro virtual.
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