jueves, 30 de diciembre de 2010

CUANDO VIVIAMOS MEJOR

31 DE DICIEMBRE

La fecha màs esperada por mi. Por fin de año y por mi cumpleaños.
El movimiento empezaba bien temprano, cerca de las 4 de la mañana. Junto a mi padre, preparàbamos el asador y atàbamos con alambre, cuidadosamente, las extremidades de un lechòn. Se lo adobaba y, mientras tanto, se encendìan quebrachos y astillas compradas para la ocasiòn. El fuego era muy intenso y allì se clavaba firmemente la estructura de hierro y por màs de 4 horas, casi 5, se asaba en forma pareja el animal.
Una tradiciòn pedida por mi. Que comenzò siendo chivito, para pasar a ser lechòn. Alrededor de las 9 de la mañana se retiraba y se trozaba en caliente, para comerlo frìo por la noche.
Recuerdo muy pocos 31 de diciembre frescos. Siempre nos rodeò el calor y, ademàs, como sucede ahora, algùn que otro corte de energìa.
El dìa era muy largo, al igual que la siesta. Hasta que tuve 14 o 15 años la familia se reunìa en casa. Eramos cerca de 30 personas  y en el momento del brindis resultaba muy singular que me dijeran feliz año nuevo y feliz cumpleaños a la vez.
Durante la tarde saludàbamos a los vecinos, se comìa pan dulce en cada casa, se tomaba mate en las veredas y despuès de las doce de la noche  salìamos a las puertas de las casas y nos reunìamos informalmente entrada la madrugada.
El tiempo pasò. Como es obvio llegaron las ausencias y , sin embargo, uno mantiene viva esa tradiciòn. Ya no nos podemos parar en las puertas, ni transitar las veredas, por razones de seguridad y, aunque los viejos ya no estèn y haya perdido el rastro de la familia, el 31 de diciembre sigue siendo una fecha particular en mi vida. Que no sòlo tiene que ver con infancia, adolescencia y afectos. Tiene que ver , tambièn, con aquellos años en que VIVIAMOS MEJOR.

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