Erich Fromm fue un psicòlogo social nacido en Alemania y muerto en Suiza en 1980. Muchos de sus seguidores en el mundo se han ocupado de registrar y acuñar sus frases màs ingeniosas y salientes. Algunas menos importantes que otras. Pero, cuando dice que vivir es nacer a cada instante, resume la vida de millones de personas que se han visto en la necesidad de empezar de nuevo.
Hasta hace treinta o cuarenta años, los hombres y mujeres convivientes transitaban las crisis afectivas y, generalmente, resolvìan redoblar su apuesta para el futuro.
Serìa interesante adivinar el origen de la intolerancia actual, cada vez màs aguda.
Allà por la dècada del 1960, cuando en nuestro paìs se viviò el auge de las separaciones de hecho basadas en el art. 67 bis de la ley vigente , la causal màs empleada era la denominada incompatibilidad de caracteres . En esa definiciòn se encuadraban discusiones, diferencias de objetivos, frustraciones, agresiones, etc.
Con la ley de divorcio de mediados de la dècada del 80 , las causales se describieron con mayor precisiòn, de la mano de la evoluciòn de los tiempos y los vaivenes psicopatològicos de los protagonistas. Entonces, empezamos a hablar de culpas concurrentes o divorcios por acuerdo de ambos cònyuges.
Pero lo que la ley no protege son las consecuencias emocionales de los divorciados. Sòlo se ocupa del aspecto patrimonial.
Por ello es indispensable detenerse en esas seis palabras de Fromm. Nacer a cada instante no es otra cosa que reinventarse. Replantearse la vida otra vez. Y muchos tuvimos que hacerlo no sòlo una, varias veces.
Mudarnos, desarraigarnos, manejar psicològicamente la nostalgia, extrañar afectos, geografìas domèsticas y cotidianas. Y tuvimos que aprender a ambientar nuevos espacios y tratar de sortear una suma de dificultades.
De eso se trata vivir, segùn Fromm. Un aprendizaje permanente, en donde el individuo debe extremar sus esfuerzos para volver a buscar instantes de felicidad.
En dècadas pasadas, tolerarse formaba parte de la convivencia humana. Respetarse. Escucharse. Y , por sobre todas las cosas, quererse.
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