Publicado en el viejo blog el 4 de junio de 2010
EL BARRIO DE LA COLONIA, EN QUILMES
Hace poco tiempo, un prestigioso historiador social de Quilmes, el Sr. Chalo Agnelli, me obsequiò un ejemplar de Cuadernos de Identidad I, de su autorìa, en el que reseña algunos sucesos de la ciudad y evoca distintas personalidades.
Hablamos sobre su trabajo referido a La Colonia, que es el sector de la ciudad en donde nos criamos, del lado de Quilmes Oeste, cercano a la estaciòn.
Tuve oportunidad de leer parte de ese texto e inmediatamente recordè infinidad de cosas que me transportaron a mi infancia y a muchas historias que contaban mis familiares en las reuniones de aquèl entonces.
Particularmente, sostengo una teorìa. Quilmes tiene un gran problema: la vìa. Los rieles no sòlo dividen fìsicamente la ciudad, sino que tambièn marcan una separaciòn entre sus habitantes. Quizàs, hoy no es tan notoria, pero hace algunas dècadas, si lo era.
El "status" no era igual si uno vivìa en el centro que en La Colonia. Incluso, a nosotros no nos gustaba mucho que nos mencionaran con esa denominaciòn. El desarrollo edilicio tambièn ha sido desigual. En los ùltimos años fue creciendo la zona aledaña a Av. Calchaquì. Nuevos barrios y mucha edificaciòn de casas residenciales, hipermercados, lugares bailables.
Sin embargo, mientras esa barrera de la estaciòn siga clausurada inexplicablemente, la divisiòn seguirà existiendo.
Aunque la cancha de Quilmes , la Cervecerìa, su campo de deportes y muchas instituciones importantes estèn de nuestro lado, La Colonia seguirà siendo, al menos para mi, un sector diferenciado de la ciudad.
Toda mi familia se estableciò allì. En un radio de 6 o 7 manzanas, estàbamos todos. Nuestro club era el Alsina, jugàbamos a la pelota en "los campitos de Urquiza" y, cuando habìa campeonatos importantes, ìbamos al Parque de la Cervecerìa o cruzàbamos la vìa y jugàbamos en Siete Estrellas (en donde està Coto hoy). De adolescentes, bailàbamos en Elsieland, Cuernavaca, Barbas y Bigotes. Y si habìa un baile "paquete" ìbamos al Cìrculo Universitario de Quilmes (del otro lado, como solìamos decir).
Los helados , en verano, se los compràbamos al "negro" de Laponia, las manzanitas y los pochoclos a "Pistola" , del cual se decìan un montòn de cosas, entre ellas, que era multimillonario.
El lechero nos dejaba las botellas de vidrio verde; el sodero, los sifones de Strubolini; pasaba el aceitero, el huevero y, de muy pequeño, recuerdo los carritos a caballo de Panificaciòn Argentina.
Las flores se compraban de Fortunato, la pizza era de El Rosal o La traviata. Las librerìas comerciales eran Camicia o Piccinini. Al Club Alsina ìbamos a jugar a una pista gigante tipo Scalectric, con los prototipos que armàbamos con tanta pasiòn.
Se jugaba a la pelota en las calles, que eran bastante tranquilas. Y, hasta los mendigos eran conocidos por todos. Recuerdo el caso de un señor alto, rubiòn , que se decìa que era odontòlogo y enloqueciò por el abandono de su mujer. Usaba un sobre todo largo y no molestaba a nadie. La gente lo ayudaba y jamàs le conocimos la voz.
Esta es una secuencia parcial de lo que sucedìa de este lado (de La Colonia). Un mundo aparte, en donde fuimos felices con muy poco.
El dato històrico fino, lo dejo para Chalo Agnelli. Pero habrà màs.
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