domingo, 22 de agosto de 2010

CUANDO VIVIAMOS MEJOR

Publicado en el viejo blog el 21 de febrero de 2008


El mes de febrero era un aviso poco feliz para mi. Presagiaba la llegada de la obligaciòn escolar. Me enfermaba advertir que ya habìa en las tiendas guardapolvos para la venta. Y todo parecìa una inevitable cuenta regresiva hacia marzo.

El verano y la diversiòn terminaban. Sòlo restaba ponerse a estudiar. Siempre fue un peso para mi. Lleguè, sin embargo, a graduarme universitariamente; pero, resultò una gran carga.

El primario lo comencè con la democracia y lo terminè con la dictadura de Lanusse. El secundario, tambièn lo comencè con militares, lo seguì con democracia y lo terminè con Videla.

En medio de todos esos vaivenes, la disciplina en los colegios del estado era ciertamente rìgida. Adecuada a los tiempos inestables que nos tocò vivir. Formo parte de la generaciòn que se paraba al costado del banco cuando un profesor ingresaba al aula, que trataba de "Usted" al maestro y que iba con saco y corbata al secundario. Soy de la generaciòn de las amonestaciones y de los exàmenes rodeados de terror, segùn quièn los tomara.

Vale decir, de una època en donde se guardaban las apariencias; en donde no se podìa hablar sobre cualquier tema en el aula. La dècada de los tabùes que subsistìan y que, tampoco, eran posibles de superar en el seno de la propia familia.

Asì crecimos los que hoy promediamos los cincuenta años de edad.

Hoy, por el contrario, la escuela es una fiesta. Profesores y alumnos se tutean y , ademàs, han derribado la barrera del respeto. Las calificaciones se negocian y la ropa es informal. Hoy se concurre con celular, calculadora y mp3.

Pero, principalmente, hace 23 años hay democracia sostenida. Y los chicos no sienten el rigor de una disciplina que ya no existe.

A favor del presente, ningùn tema es tabù. Todo se discute. Pero, tampoco es suficiente. Los flagelos de las adicciones de la sociedad moderna invaden a la adolescencia y juventud adulta.

Por eso, quizàs no pueda decir que lo pasado fue mejor. Pero, de aquella època, nos quedò el respeto en el trato con los demàs y una aceptable cultura general, a pesar de haber concurrido a escuelas del estado.

No sè si vivíamos mejor, pero un poco màs sanos lo èramos, seguro.


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