Publicado en el viejo blog el 1 de junio de 2010
Hubo una sociedad educada, cortès y respetable. Con sus nichos de marginalidad, por supuesto. Con algunos còdigos que nunca se respetaron. Pero la gran mayorìa de la gente era respetuosa.
Existìa un valor elevado por la consideraciòn de los mayores, a quienes se los escuchaba. Porque habìa màs tiempo. Mas sobremesa. No entraban mensajes de texto en celulares, no habìa contestadores telefònicos. El hecho de contestar o no era una facultad del dueño de casa. La hora de la cena era sagrada y se veìa con malos ojos un llamado a las 9 de la noche.
Sin embargo, las cosas fueron cambiando. Hoy nos urge ver los correos electrònicos que nos llegaron. Estar pendientes de los designios de los demàs. Del tiempo que nos proponen los demàs.
Y, asì, vamos perdiendo el respeto por nuestra propia libertad. Y, ademàs, por nuestra intimidad.
Las fotos que atesoràbamos en àlbumes familiares hoy se publican en Facebook para que todo el mundo las mire y nos mire. Vean las caras de nuestros hijos, sus ropas, sus habitaciones, sus tortas de cumpleaños, sus vacaciones.
Describimos nuestro "perfil pùblico" para que todos vean si nos quieren, si estamos solos o no, si nos gusta tal o cual cosa.
Hemos abierto nuestra intimidad y no nos damos cuenta que hemos ido perdiendo nuestra privacidad, nuestro misterio.
Para todas esas cosas hay tiempo. Para subir las fotos a internet, para enviar mensajes, para chatear...Pero, en cambio , se fue perdiendo la capacidad de hacernos un tiempo para sentarnos a conversar, a escuchar personalmente al otro, para leer un libro o escuchar mùsica.
El aluviòn tecnològico nos cubriò y los màs de 40 millones de celulares en poder de los argentinos, paradòjicamente, han logrado generar la mayor incomunicaciòn de estos años.
Atràs quedaron aquellas sobremesas con la familia completa reunida , en donde gracias a la transmisiòn oral , uno aprendìa de los padres, de los tìos o los abuelos, muchas enseñanzas que hoy estas generaciones no pueden capitalizar.
Lamentablemente, a esos tiempos ya no se pueda regresar, pero desde estos modestos espacios de opiniòn todavìa podemos evocar aquellas costumbres olvidadas.
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